
PORTALES DE CITAS: AVENTURAS EN 1ERA. PERSONA (PARTE I)
Por “Demolition_man”
Fotos: Sxc.hu
Es raro que algo nos sorprenda hoy en día pero les aseguro que la siguiente historia es real. Mi nombre es simplemente “Demolition_man” y me presento así porque para fines de este artículo mi existencia como persona es irrelevante. Piensa en mí como un antihéroe más parecido a una bestia que a un hombre, pues nada podría distar más de ser un caballero que aquello en lo que me convertí hace poco más de un mes.
No siempre fui así. Probablemente al igual que tú, he sido bueno en mis relaciones, escuchando y tratando de complacer a mi pareja en lo que es posible, pero frustrándome porque rara vez encontraba a alguien que pudiera ofrecer lo mismo. Había sido educado, amable, cortés, sincero y considerado, y en varias ocasiones sólo lograba que se portaran como unas verdaderas arpías ególatras. Estos días, ser bueno no reditúa.
Era la tarde de un domingo y mi auricular escupía un ataque verbal conducido por mi novia, recordándome que yo debía aceptar de buena gana todo aquello que saliera de sus trompas de Falopio, porque “tenía que respetar su forma de ser”. Para variar, el arranque estaba basado en un malentendido y me presentaba dos opciones: “O me aceptas como soy, o le llegas”. Después de un prolongado silencio, para sorpresa de ella y mía respondí suavemente: “Le llego. Adiós.”
Todavía sorprendido por mi respuesta, intuí que vendría un doloroso aislamiento pues cuando estuvimos juntos nos tornamos muy dependientes. Vivíamos en nuestro propio mundo y me di cuenta que para efectos de mi vida personal, me quedaba completamente solo. Miré nervioso la agenda de mi celular para ver quién me podría dar la razón (y de paso unos cuantos besos) pero me di cuenta de que todos los números telefónicos que había acumulado en mi soltería estaban más que caducos. Empezaba la soledad.
Para mi mala suerte, en los siguientes fines de semana no hubo fiestas ni comidas, y yo no tenía ganas de salir solo. Mis amigos estaban también absortos en relaciones formales con bodas fuera de la ciudad y comidas familiares. Mis viernes se llenaron de mal cine y pornografía. Los sábados el teléfono sonaba sólo para despertarme con importunos vendedores de tarjetas de crédito. Los domingos eran aún pero. Tenía que hacer algo al respecto. Era demasiado. Me estaba volviendo loco.
Me encontraba aburrido descargando bazofia cibernáutica, cuando apareció en mi pantalla un anuncio que sacudió mi ánimo. Era un portal de citas. Siempre había querido usar uno pero nunca había tenido tiempo. Ahora lo tenía y no había nadie que me lo impidiera. Pensando en el potencial, tomé mi tarjeta de crédito y compré una suscripción por un mes. Estaba listo para hacer una cita lo antes posible y pensé: “¿Una? ¡Ya no tengo novia! ¡Al carajo, puedo tener miles de citas!”. Finalmente estaba viendo las bondades de estar solo.
Llené apresurado mi perfil subiendo unas fotografías que encontré a la mano, y empecé a navegar entre las miles de usuarias que aparecían. Las había de todos colores y sabores. Redacté un mensaje donde me presentaba y decía que estaba interesado en tener una cita porque había algo único y especial que me había gustado de la persona. Puse “copy-paste” cambiando cuidadosamente el nombre de la destinataria y aquella cualidad que tanto me había llamado la atención. Lo mandé a 20 direcciones distintas y me senté a esperar pacientemente.
Aproximadamente cinco me contestaron. Me vi tentado a empezar el primer contacto pero no lo hice de inmediato. Decidí agregarle algo de diversión poniendo un objetivo y un plazo. Me preguntaba con cuántas de ellas me podría acostar en un mes. Finalmente, todos tenemos derecho a divertirnos de vez en cuando, y yo estaba hasta la madre de ser un caballero.
Cita 1: Doctora Masoquista
Nos vimos en un punto neutral en la ciudad, nos saludamos de un abrazo como si fuéramos grandes cuates y de inmediato nos dirigimos al bar más cercano. Tuvimos una plática banal donde me contó que era doctora y que no le gustaba andarse por las ramas. No fueron necesarias más de dos copas para que aceptara mi invitación a continuar en mi casa.
Llegamos a mi departamento y diez minutos después, yo ya estaba dentro de ella. Le di una amistosa nalgada y me preguntó si eso era lo más fuerte que podía pegar. Acepté el reto y decidí jugar un poco más rudo, dejando caer libremente mi mano y algunos insultos para ver cómo reaccionaba. El resultado fue tremendo. Le encantaba y pedía más. Le di gusto hasta que su trasero estaba tan rojo que sentía feo seguirle pegando. Ella me siguió retando. Opté por jalarle el cabello con fuerza y susurrarle más suciedades al oído. Ella feliz. Bueno, pensé ¿qué esta mujer es indestructible? Y me propuse maltratarla hasta quebrarla y que se rindiera.
Ya le había dicho todo lo que podía pasarme por la cabeza y todavía quería más. Seguí con otra lluvia de los insultos más bajos que pasaban por mi mente sólo logrando excitarla más. Ya cuando el cuerpo me reclamaba descanso, y estaba a punto de rendirme tuve una gran idea. Dije algo que logró parar el movimiento copulatorio de inmediato e hizo que volteara la cabeza para mirarme con ojos furiosos y decir: “Óyeme can..., conmigo lo que quieras pero con mi mamá no te metas”.
Misión cumplida.
Cita 2: Antropóloga Snob
Me tardé como 4 llamadas antes de reunirme con esta antropóloga de muy buen ver en un restaurante italiano. Pedimos un poco de clericot y ordenamos. Por la plática me pude dar cuenta de que esta mujer era una bateadora profesional y cada vez ponía más barreras, haciendo comentarios fuera de lugar como si perteneciera al jet set. Después de otros 20 minutos de chutarme lo chick, fashion y trendy que se creía, llegó a mi mente la solución para callarle la boca y quitara su barrera de una sola vez.
Aunque había un riesgo inminente, decidí fingir que era gay. Empecé haciendo un par de comentarios sobre cómo sus uñas combinaban de maravilla con sus zapatos. Después le dije que existía un antro gay cerca, y que sabía que hoy tocaría un DJ muy bueno que venía de NY. Se mostró curiosa sobre porque yo sabría tal dato con lujo de detalle y fue justo ahí donde inserté mi expresión de “¿No te diste cuenta antes? Yo sólo quería ser tu amigo”. Debí haber tomado una foto de su cara.
De inmediato quitó todas las barreras y fingiendo empatía, aceptó la invitación. Logré convencerla de escogiéramos otro lugar pues seguramente el primero estaría a reventar. Después de bailar un rato en un lugar de salsa, le propuse que nos fuéramos a su casa y que abriéramos una botella de vino para platicar.
Después de dos copas, reíamos como las mejores amigas hasta que me dijo: “Debo de confesar que si no fueras gay te daría un beso”. Me acerqué y el beso se lo di yo, ella lo aceptó pero después de que empezábamos a tomar vuelo me empujó: “Bueno ¡que no eras gay!”. No contesté nada y repetí la dosis. Una cosa llevó a otra y cuando terminamos, nos encontrábamos desnudos en su cama, ella encendió orgullosa un cigarro pensando que tenía el poder de resucitar muertos y enderezar jorobados.
“Supongo que soy irresistible hasta para ti”, me dijo. Yo le dije con una sonrisa: “Sí, lo suficiente como para fingir que soy gay”. Ella se incorporó con una cara de extrañeza que no tenía precio: “¿Queeé?” ¡Cómo no tenía una cámara!
Cita 3: Abogada Sommelier
Por sugerencia de mi cita, una elegante y sofisticada abogada de poco más de treinta años, habíamos caído en un bonito restaurante francés y nos encontrábamos pensando en qué vino escoger. Había el mismo vino mexicano en uva Merlot y Cabernet Sauvignon. Como yo no sabía cuál pedir, le pedí ayuda a mi sofisticada amiga y después de un segundo, afirmó con seguridad: "Escoge el Cabernet, porque me gustan los vinos franceses”. (Sonido de aguja rayando un disco). “En la mad…, los dos son vinos mexicanos”, pensé. “Cabernet sólo es un tipo de uva”. Pero opté por seguirle la corriente: “Caray, tú sí sabes”. Ella me respondió: “Bueno, pues he tenido la oportunidad de viajar bastante” (Pfff).
Ella continuó derrochando incoherencias aspiracionales. ¡Ajá! Con que todo era una farsa. Ahora todo me indicaba que la manera de meterme a las pantaletas de esta doméstica de ojos azules, era actuar como James Bond y darle mi aprobación y admiración como hombre de mundo. Me avergüenza decir que todo funcionó a la perfección. Mientras más cuerda le daba yo, más se azotaba ella.
Al final de la noche estábamos en mi casa bebiendo más vino “francés” y escuchando música relajante. Cuando las ropas empezaron a volar lo primero que dejó ver fueron sus senos grandes, firmes y ¡mal operados! No fue necesario tomarlos antes de identificar las grandes pelotas de silicón que parecía quererse salir de ellos.
Pero no acababa ahí. Mientras nos seguíamos desvistiendo, se fueron revelando por lo menos otras tres o cuatro cicatrices de operaciones en todo su cuerpo que, junto a la celulitis, la hacía parecer una Guía Roji. Y peor aún. ¡Un terrible olor salido de ya saben dónde! ¡Aaaaaarrggghhhh! Me paré de inmediato al baño y entre espasmos pensé: “¿Y ahora qué carajos hago? No puedo irme ¡es mi casa!
Así que decidí regresar y afrontarla con lo mejor que se me ocurrió en el momento. De lejecitos le dije que estábamos yendo demasiado rápido y que debíamos esperarnos un poco. Obvio no me creyó nada y se enfureció conmigo llamándome “poco hombre”, a lo que yo no respondí nada. Me chuté unos dos minutos de “bla bla bla” dramático hasta que me dijo: “No es necesario que me lleves a mi casa, al fin no eres un caballero”. Se paró y se fue. Yo abrí la ventana y me senté en el sillón todavía sudando de miedo. ¡Phew!
A los 5 minutos, sonó mi teléfono. Contesté y del otro lado se escuchaba una respiración que se quebró: “Nada más te quiero decir algo. Soy abogada y sé dónde vives. No te la vas a acabar porque a mí, nadie me humilla”. Y colgó. Por alguna razón le creí, aunque no sabía qué tan serias habían sido sus palabras…
Esta historia continuará…
¡Entra en acción!
www.amigos.com
www.mx.match.com
www.adultfriendfinder.com
www.friendster.com
www.alt.com.mx
www.mexicancupid.com
www.mejoramor.com
www.be2.com.mx
www.sdc.com

